5 de mayo de 2013

De puente por las Hurdes y otros relatos desde el fin del mundo

Con cuatro días por delante y muchos por detrás (principalmente en mi caso); nos lanzamos a la carretera con bolsas y cosas en dirección a la región conocida como Las Hurdes, en la provincia de Cáceres. Dos días en Las Mestas y otros dos en Pino Franqueado; siempre a pocos metros de algún arroyo para tirar piedras; y a la busca de gatos y perros para tocar. 


Oliver posa con su palo a la entrada del caserío mientras una señora remonta la cuesta con una carretilla por el medio de una carretera tan desierta, que los niños la utilizan para montar partidillos de fútbol de pocos contra pocos. En Las Mestas hay más gatos que niños.


Tras verificar que, efectivamente, las piedras del costado del camino se desmoronan con gran facilidad, continuamos nuestro inofensivo paseo por la carretera más desolada del interior de España sin cruzarnos con ningún vehículo a motor aunque sí con varias lagartijas, abejas y cardos.


Oliver sostiene un helecho con la intención de expatriarlo con destino a Madrid. Marta lo mira; Camila, piensa en sus cosas...


Un maravilloso paseo por un camino acondicionado especialmente para carros y sillas de ruedas; no impidió esto que Camila reclamara upa o cabeza; ni nadie se animó a negarselo.

Cuando Camila echa la cabeza hacia adelante y empieza a correr, directamente me sale el gen de lobo estepario e iría dando tres saltos y la comería de un bocado. Ñam. La pequeña de la familia se lo pasó en grande con sus amados bichos, gatos y piedras para tirar a un río o lago. Y mamá! Que nunca falte mamá!

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