El primer verano de Oliver está siendo muy caluroso. Aunque buena parte del día se la pasa durmiendo, jugando, y haciendo cosas de bebés, también baja seguido a la piscina para bañarse y disfrutar en la sombra de los árboles, echado en el césped.




Aunque la temporada de psicina ya ha comenzado en las áreas comunes del edificio, y en general en todos aquellos sitios donde pueda juntarse agua estanca no putrefacta; nosotros hemos ampliado las instalaciones acuáticas de la casa para que Oliver se mantenga en continuo contacto con el medio líquido durante este primer y tórrido verano de su varias veces centenaria existencia, si la salud lo acompaña y existen métodos para conservarse mejor que walt Disney.
Quería dejar claro que nuestra al parecer obsesiva actitud de acuatizar al niño no obedece a ninguna clase de manía higiénica, ni se apoya en textos, revistas o consejos. Se trata de compartir con el pequeño aerobio de nuestros genes, una actividad divertida a la vez que importante porque un niño no debe temerle al agua ni en general a nada. Bueno, quizás a un escorpión del sahara, una mamba negra, o un incendio forestal.

La primera experiencia de Oliver en un medio acuático ajeno a su gestación , algún lavabo, y su bañera, sucedió hace algunos días atrás; fecha no necesariamente importante a precisar, a menos que dentro de veintitres años gane el campeonato mundial de natación en 50 metros, dando una medalla olímpica a la gloria de España. Pero mientras eso no sucede, el pequeño renacuajo experimentó desde los sabios y buenos brazos de su mami, los primeros movimientos prenatatorios post natales. A ver quien lee eso en voz alta.
A medida que los músculos van ganando masa y fuerza, el pequeño humano va logrando contorsiones y arqueos de lomo dignos de un acróbata chino, o de un perro con muchas pulgas.
Con un sentido del humor bastante básico, Oliver encuentra gracioso casi cualquier suceso fuera de lo normal y que se repita al menos, tres veces. Los bebés, parecieran no tener límites en cuanto a comenzar a reir de algo y seguir haciéndolo hasta que las repeticiones lo llevan a un horario en que el hambre o el sueño puedan vencerlo. Por otra parte, este jovencito es muy cosquilloso, así que muchas veces suele carcajear al ser levantado de la cuna, o cuando se le cambia de ropa o pañal.

LA FUNDACION OLIVER MERLIN CRECEComo muchos sabrán, la fundación Oliver Merlin viene desarrollando una intensa labor en pro de ciertas cosas que desconocemos aún, porque Oliver no habla ni entiende qué es, o qué hace una fundación y, ahora que lo pienso, yo tampoco.
Sí sabemos, empero, quien es el ganador del primer premio otorgado por la fundación, al primer listillo que certificase claramente haber descubierto donde estaban mis gafas en la foto de la piscina.
Y fué Luis (aka Wally) quien primero respondió correctamente y por tanto se hace merecedor del euro de la suerte con la cara del rey. Destacamos además desde la comisión de festejos, premios y humos de la fundación oliver, la gran demostración de autenticidad demostrada por el ganador, que acompañó su respuesta con una foto que también aquí adjuntamos. me tomé sí, la licencia de agregar 10 diferencias con la foto anterior, y que se convertirá así, en el segundo torneo Fundación Oliver Merlin. El primero que envie una respuesta correcta con la lista de diferencias, se hará acreedor de un chupete mágico descartado por el bebé y cuyo valor es: nulo.



Como algunos de ustedes sabrán, Oliver es el producto de muchos cruces humanos ocurridos, en su mayoría, en tierras Argentinas. Su tatarabuelo Merlin, nació en Naucelles, un pequeño pueblo del sur de Francia, y llegó a Argentina a finales del siglo XIX, donde se casó con una mestiza hija de portugueses y nativos argentinos. El resto de la familia permaneció en Francia y aunque el apellido Merlin se fué perdiendo al casarse la descendencia mayormente femenina, aún vive en ese pueblo una descendiente directa de los Merlin: Marie Vidal. Y a pocos kilómetros de allí, en Carmaux, viven su hermano Pierre y su mujer Sylvette. Y fueron ellos quienes estuvieron la semana pasada de paseo por España; y con el objetivo de conocer al pequeño Oliver Merlin, el madrileño. Le trajeron de regalo un atuendo veraniego muy bonito que pronto lucirá en este blog y por calles avenidas y salones; y una botella de licor de ciruelas elaborado en alambiques tradicionales y que no probará, hasta que tenga 18 años.
Aunque Oliver no dió muestras de reconocer el idioma de Voltaire, Maupassant o Zidane; tampoco parece dominar aún el español, por lo cual la reunión se desarrolló entre sonrisas y abrazos que recibió sin entender una palabra.


El día en que los católicos celebran las fiestas de san Isidro labrador; unos vistiéndose de chulapos y dedicándose a pasear por el anillo central de la ciudad dentro de la zona azul; otros vistiéndose de luces para matar toros en la monumental de las ventas; nosotros, salimos a pasear por el llamado anillo verde, que de verde tiene aún muy poco y su suelo podría serlo, claro, si fuéramos daltónicos como mi primo el mago. Lo cierto es que el camino está muy bien, y se enlaza con un parque que comienza a pocos metros de casa. Esto permitirá a Marta ir y venir de su trabajo en esa pequeña pero eficiente bicicleta que sostiene y la sostiene a ella.

En este bodegón familiar, la acción transcurre en casa de los abuelos Antonio y Lola, donde se ofreción una comida muy suculenta cuyo colofón aquí se exhibe, entre tantas caras, y como principal reclamo de la foto. Tiramisú puro y duro. Dos cuencos que minutos después echaban suspiros de añoranza de una llenez, que habían perdido para quedar atigrados, con su cristal veteado de mascarpone y chocolate.

Hace un par de días atrás, llevamos a Oliver a su visita sanitaria donde le inyectaron a aguja por muslo, siete diferentes vacunas distribuídas en dos generosas jeringas descartables.
Dolor oh dolor! Transido en llantos y consolado por mamá, pronto olvidó tamaña experiencia que canjeó por teta, y mas tarde, mas teta.
Esperábamos que la temperatura le subiera un poco, y efectivamente así sucedió sin que ello motivara cambios de conducta alarmantes en el lactante. Fue sometido, sí, a vejaciones menores como la toma anal de su temperatura, que soporto con resignación pagana.
Esta mañana despertó algo sudado, así que le cambié la ropa de noche por un elegante y casual estilo juvenil que luce en estas fotos. Ahora, tras tomarse 200 ml. de leche marternal, esta siendo mecido en su coche mientras escribo esto en una dificil posición que me provocará la mejora en ciertos músculos laterales que casi no uso, o una luxación parcial de mi cadera, y un desgaste de la cabeza de mi fémur similar al de una vieja de 104 años.
Costura y canto.